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Los Aluches

Raíces

El pueblo egipcio practicó la lucha en las riberas del Nilo, así se refleja en las lápidas sepulcrales. En el museo de Candia, en Grecia, aparecen luchadores decorando ánforas y cerámicas. Estrabón, refiriéndose a Iberia, decía que los hombres de las montañas son sobrios, no beben, dejan los cabellos largos, duermen en el suelo y luchan hombre contra hombre con agilidad y destreza. En la Edad Media los pueblos organizan torneos de lucha con entusiasmo. En Baleares la lucha era “provar a juntar” venciendo quien tumbara de espaldas al contrario. La “Lolita Gallega” era una lucha que se praticaba en la temporada de la recogida del lino.
El nombre de nuestra lucha son los aluches, y así los cita José María Goy en su novela costumbrista Susarón, Bernardino Pérez en Historia y costumbres de la raza hispana y don José González en Lazo de almas. El padre Eutimio Martino, catedrático de filología en la pontificia de Comillas en Biografía de una comarca estudiando a Estrabón sostienen que los aluches fueron entretenimiento y recreo de cántabros y astures ensayando fuerza y pericia.
Los aluches leoneses se practicaron entre guerreros desde las montañas de Riaño, Prioro, Valderrueda, La Vecilla, hasta las fronteras del Duero.
Antiguamente los padres entrenaban a los hijos y salían a defenderles cuando resultaban vencidos en el corro. La palestra de lucha era la pradera y los días señalados de corro eran las fiestas y romerías. Un pregonero daba la voz: ¿hay quién luche?, otras veces se anunciaba con una cornamusa. Los desafíos se convenían Montaña contra Ribera, el valle del hambre a todos, Valderrueda y un agregado contra todos. Primeramente se luchó al calzón, pantalón de fuerte sayal, luego agarrándose al cinturón.
Una vez agarrados dos luchadores al cinto para tratar de vencer al contrario se emplean las siguientes llaves o mañas: zancadilla, dedilla, tres pies, carrilada, mediana, media vuelta, retortijón, tranca de gocha, voleo con cruce y falso de mediana.
En unos lienzos de Goya se advierte como dos parejas de luchadores ejecutan la zancadilla y el retortijón.

Los corros de ayer

Los pastores que dormían al raso en el hotel de las estrellas y se cobijaban en chozos ahumados bajaban a la romería a participar en el corro de los aluches, presentando batalla a los mozos del contorno. Entre los luchadores salín mozos, altos, gallardos, flexibles y recios, todos a defender la honrrilla de la cabaña o aldea. El árbitro suele ser un antiguo luchador; su misión es comprometida porque el público es muy entendido en los aluches y existe mucha pasión de zonas o comarcas.

El premio solía ser el mazapán confeccionado por las mozas o el gallo de corral. Cuantas veces continuaban los aluches sobre las praderas besados por la luz de la luna. La línea del ferrocarril del Hullero era la divisoria entre Montaña y Ribera.
Los aluches leoneses se practican en un clima de leal combatividad deportiva. Los corros de Prioro, Morgovejo, Valderrueda, Taranilla, La Mata de Monteagudo dieron ejemplo de sana convivencia. Sus luchadores eran mitad hombres- mitad dioses, y en todas las épocas destacaba en el pueblo su héroe mitológico, el luchador hombre- dios que recibía el tributo de admiración y cariño 

Las competiciones de hoy

La organización se establece hoy por categorías de ligeros hasta los 61 kilos y cuya característica es la agilidad, medios hasta los 72 kilos con garra y experiencia y pesados de más de 72 kilos , donde impera la potencia. Las confrontaciones se resuelven a dos combates. La indumentaria es pantalón deportivo, camiseta y descalzo.

La primera comisión provincial de los aluches surge en 1920 cuando se celebra un campeonato oficial en León coincidiendo con el diecinueve centenario del Fuero de León.
De corros de tradición se pasó ya a corros federados, la federación de los aluches se creó en 1952, constituida en agrupación provincial en 1984. Las competiciones se celebran a nivel local, comarcal o provincial. Nunca falta en estos corros importantes la ambientación musical con dulzaina y tamboril.
Se hizo necesario aglutinar y refundir normas costumbristas que variaban de Montaña y Ribera, por ejemplo: en la Ribera para que la caída fuera válida tenía que producirse de espaldas y en la Montaña era válida cualquier forma de caer.
Para resolver esta cuestión se aceptó establecer la eliminatoria a dos caídas, que daría opción al sorteo de mano, ya valorar la puesta de espalda como una caída válida, contabilizando como medias caídas al posar el cuerpo en el suelo en otra posición, y penalizando al luchador con media caída al soltarse en el combate viéndose manifiestamente derrotado.
Los grandes campeones deben su éxito a la perfecta aplicación del pie como palanca y a la cabeza intuyendo el ataque y la defensa.
 

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